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01.09.2010

Sor Nirmala - contemplativas

”Esta sencilla experiencia me proporcionó una alegría muy profunda, puesto que supe que Jesús me mostraba que aquel a quien amamos y adoramos en el Santísimo Sacramento es aquel a quien amamos y servimos en los más pobres entre los pobres. Nuestra adoración al Santísimo Sacramento no tiene valor si descuidamos a Jesús, presente también en el último de nuestros hermanos, en el más pobre entre los pobres, en el más pecador entre los pecadores, en el más débil entre los débiles. A la mañana siguiente le conté todo a nuestra madre Teresa, la cual me confirmó que ésa era en verdad la experiencia de nuestro carisma. Cualquier cosa que hagamos al último de estos hermanos suyos es como si se la hiciéramos a él, y nos recompensa por ello dos veces, aquí en la tierra y con la vida eterna en los cielos.

Nuestra madre Teresa nos decía siempre: «Las nuestras son humildes palabras de amor dirigidas a los más pobres entre los pobres en la obra de Dios. No somos trabajadoras sociales, sino contemplativas que viven en el corazón del mundo”…



Hermana Mary Nirmala Joshi, sucesora de la madre Teresa de Calcuta

Padre Fortea - en el centenario del nacimiento de la Madre Teresa

Dado el usual despiste permanente en el que suelo vivir, se me pasó completamente el centenario del nacimiento de la Madre Teresa de Calcuta, que fue el pasado jueves.

Ahora, unos días más tarde, me gustaría decir que nosotros no podemos comprender a la Madre Teresa. No podemos, porque ella en vida voló a alturas para nosotros insondables. La misma religiosa seguro que conforme pasaron los años de su entrega, de su cruz, de su generosidad, del crecimiento de su vida mística, exclamaría en sus ratos de oración: ¡ahora lo entiendo! Ahora entiendo este punto, ahora entiendo este tema, el Señor me ha hecho comprender tal o cual cosa.

Al hablar de la Madre Teresa tendemos a creer que era una persona muy buena y ya está. Es decir, alguien como nosotros que se dedicó a auxiliar a los pobres. Y olvidamos que el que se entrega de forma total a Jesús, va siendo transformado por Él.

Los pensamientos de la Madre Teresa al final de su vida se hallaban tan henchidos de amor, tan llenos de una sabiduría que no es de este mundo, sino aprendida directamente del Logos Encarnado, que nosotros, como si fuéramos unos niños pequeños, podemos afirmar que sólo conocíamos una minúscula parte del iceberg que era ella. No sólo conocimos una pequeña parte de ese titán que la Madre Teresa, sino que además conocimos esa pequeña parte según las pocas fuerzas de nuestro pequeño entendimiento.

Ella fue un ángel sobre la tierra, un gigante, una reina, una luz. En realidad no nos hacemos una idea adecuada de su vida espiritual, de la intensidad de su amor, del insondable conocimiento teológico del Misterio que tuvo ella.

31.08.2010

Guiones para la misa

Domingo 23º T.O. - Ciclo C - 5 de septiembre de 2010

Ed Betania.doc

Redentoristas del Caribe.doc

San Pablo.doc

San Pablo - niños.doc

San Pablo - jovenes.doc

Arq Salta.doc

Natividad de la Virgen Maria - 8 de septiembre de 2010

Natividad de la Virgen Maria.doc

Padre Pio - Sal de este hombre!

San [Padre] Pío de Pietrelcina (1887-1968), capuchino
Ep 3, 626 et 570 ; CE 34

«¡Sal de este hombre!»


Las tentaciones no deben asustarte; es a través de ellas que Dios quiere probar y fortificar tu alma, y él te da, al mismo tiempo, la fuerza para vencerlas. Hasta aquí tu vida ha sido la de un niño; desde ahora el Señor quiere tratarte como adulto. Ahora bien, las pruebas de un adulto son muy superiores a las de un niño, y esto explica porque tú, al principio te has turbado tanto. Pero la vida de tu alma pronto recuperará su calma, eso no va a tardar. Ten aún un poco de paciencia, y todo ira mejorando.

Deja, pues, caer estas vanas aprehensiones. Acuérdate de que no es la sugestión del Maligno el que hace la falta sino más bien el consentimiento que se da a estas sugestiones. Solamente una voluntad libre es capaz del bien y del mal. Pero cuando la voluntad gime por el efecto de la prueba infligida por el Tentador, y cuando ella no quiere lo que éste le propone, no solamente no hay falta sino que es virtud.

Guárdate mucho de caer en una agitación cuando luchas contra tus tentaciones, porque esto no haría sino fortificarlas. Es necesario tratarlas con desprecio y no ocuparte más de ellas. Vuelve tu pensamiento hacia Jesús crucificado, su cuerpo puesto entre tus brazos y di: «¡Esta es mi esperanza, la fuente de mi gozo! Me uno a él con todo mi ser, y no te dejaré hasta que no me hayas dado seguridad».

30.08.2010

Lectio Divina

5 de septiembre de 2010 - Domingo 23º T.O. Ciclo C

23to Orar desde el mundo obrero.pdf

Discipulitos.pdf

Lectionautas.pdf

Orden del Carmen.doc

29.08.2010

Usa tus talentos para glorificar a Dios


“DIOS OS HA CONCEDIDO DIVERSIDAD DE DONES…” (1 Pedro 4:10)


A Dios le importa tu trabajo. Puesto que probablemente pasas al menos unas 40 horas semanales trabajando, deberías reflejar a Dios en tu actividad laboral. “Dios os ha concedido diversidad de dones…cada uno… actuando como buen administrador… debe poner al servicio de los demás el don que haya recibido” (1 Pedro 4:10 Castilian). A todos se nos han dado dones con el fin de honrar a Dios en este mundo. Los talentos no descubiertos o no desarrollados no le honran; ni tampoco los que se usan incorrectamente. Dios te ha dado talentos para hacer algo de una manera única que nadie más puede hacer. Al poner en práctica tus destrezas particulares y usarlas para promover su Reino, estarás cumpliendo verdaderamente su voluntad. Dice Pablo: “Porque todas las cosas proceden de Él, y existen por Él y para Él…” (Romanos 11:36).

El aire que respiramos, la sangre que corre por nuestras venas, la materia gris de nuestro cerebro; todo ello son inversiones que Dios ha hecho en nosotros, y espera resultados. Max Lucado escribe: “Existimos para exhibir a Dios, para mostrar su gloria. Somos como el lienzo en el que Él da sus pinceladas, el papel donde escribe, la tierra donde pone sus semillas, y el reflejo de su imagen. Él transforma lo cotidiano en algo especial, haciendo de la cocina un altar, de la cafetería un convento y de las jornadas de 9 a 5 aventuras espirituales…Cuando reflejas a tu Creador por medio de tus talentos y habilidades… tus días se hacen mucho más llevaderos y agradables.” Sé como el predicador de Nueva Inglaterra, Jonathan Edwards, que vivía de acuerdo a dos resoluciones: “Primera: Que todos los hombres vivan para la gloria de Dios. Segunda: Que aunque otros no lo hagan, yo sí.”

San Josemaria - examinate despacio, con valentía


Examen. -Labor diaria. -Contabilidad que no descuida nunca quien lleva un negocio. ¿Y hay negocio que valga más que el negocio de la vida eterna? (Camino, 235)

Examínate: despacio, con valentía. -¿No es cierto que tu mal humor y tu tristeza inmotivados -inmotivados, aparentemente- proceden de tu falta de decisión para romper los lazos sutiles, pero "concretos", que te tendió -arteramente, con paliativos- tu concupiscencia? (Camino, 237)

Acaba siempre tu examen con un acto de Amor -dolor de Amor-: por ti, por todos los pecados de los hombres... -Y considera el cuidado paternal de Dios, que te quitó los obstáculos para que no tropezases. (Camino, 246)

Hay un enemigo de la vida interior, pequeño, tonto; pero muy eficaz, por desgracia: el poco empeño en el examen de conciencia. (Forja, 109)

No esperes a la vejez para ser santo: ¡sería una gran equivocación!

–Comienza ahora, seriamente, gozosamente, alegremente, a través de tus obligaciones, de tu trabajo, de la vida cotidiana...

No esperes a la vejez para ser santo, porque, además de ser una gran equivocación –insisto–, no sabes si llegará para ti. (Forja, 113)

27.08.2010

San Josemaría

“Necesitas un buen examen de conciencia”

Mira tu conducta con detenimiento. Verás que estás lleno de errores, que te hacen daño a ti y quizá también a los que te rodean. –Recuerda, hijo, que no son menos importantes los microbios que las fieras. Y tú cultivas esos errores, esas equivocaciones –como se cultivan los microbios en el laboratorio–, con tu falta de humildad, con tu falta de oración, con tu falta de cumplimiento del deber, con tu falta de propio conocimiento... Y, después, esos focos infectan el ambiente. –Necesitas un buen examen de conciencia diario, que te lleve a propósitos concretos de mejora, porque sientas verdadero dolor de tus faltas, de tus omisiones y pecados. (Surco, 481)

La conversión es cosa de un instante; la santificación es tarea para toda la vida. La semilla divina de la caridad, que Dios ha puesto en nuestras almas, aspira a crecer, a manifestarse en obras, a dar frutos que respondan en cada momento a lo que es agradable al Señor. Es indispensable por eso estar dispuestos a recomenzar, a reencontrar –en las nuevas situaciones de nuestra vida– la luz, el impulso de la primera conversión. Y ésta es la razón por la que hemos de prepararnos con un examen hondo, pidiendo ayuda al Señor, para que podamos conocerle mejor y nos conozcamos mejor a nosotros mismos. No hay otro camino, si hemos de convertirnos de nuevo. (Es Cristo que pasa, 58)

San Antonio de Padua - Que llega el Esposo

San Antonio de Padua (hacia 1195-1231), franciscano, doctor de la Iglesia
Sermones para los domingos y fiestas de los santos

«¡Que llega el Esposo!»


Entre Dios y nosotros reinaba una grave discordia. Para pacificarla, para llevarla a buen entendimiento, ha sido necesario que el Hijo de Dios se desposara con nuestra naturaleza... El Padre consintió y envió a su Hijo. Éste, en el lecho nupcial de la Bienaventurada Virgen, unió nuestra naturaleza a la suya. Son éstas las bodas que el Padre preparó para su Hijo. El Verbo de Dios, dice Juan Damasceno, tomó todo lo que Dios había puesto en nuestra naturaleza: un cuerpo y un alma dotada de razón. Lo ha tomado todo para salvarme enteramente por su gracia. La Divinidad se abajó hasta este desposorio; la carne no podía acabar con un desposorio más glorioso.

Aún otras bodas se celebran, cuando sobreviene la gracia del Espíritu Santo para convertir a un alma pecadora. Se lee en el profeta Oseas: «Voy a volver a mi primera esposa, entonces me iba mejor que ahora.» (cf 2,9). Y más adelante: «Ella me llamará: «Marido mío», y no me llamará más: «Dueño mío». Yo quitaré de su boca los nombres de los ídolos... Haré en su favor un pacto...» (v. 18-20). El Esposo del alma es el Espíritu Santo, a través de su gracia. Cuando por una inspiración interior invita al alma a la penitencia, se desvanecen todas las llamadas de los vicios. El dueño que dominaba y devastaba al alma, es el orgullo que quiere mandar, es la gula y la lujuria que lo devoran todo. Incluso sus nombres son quitados de la boca del penitente... Cuando la gracia se derrama en un alma y la ilumina, Dios hace alianza con los pecadores; se reconcilia con ellos... Es entonces cuando se celebran las bodas del esposo y de la esposa en la paz de una conciencia pura.
Finalmente, otras bodas se celebrarán en el día del juicio, cuando vendrá el Esposo, Jesucristo. «¡Que llega el Esposo, se dice, salid a recibirlo!». Entonces tomará con él a la Iglesia, su esposa. «Ven, dice san Juan en el Apocalipsis, que te voy a enseñar a la Esposa del Cordero. Me mostró la Ciudad Santa de Jerusalén, que bajaba del cielo». (21,9-10)... Ahora vivimos en el cielo por la fe y la esperanza; pero poco tiempo después, la Iglesia celebrará sus bodas con su Esposo: «Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero» (Ap 19,9).

Mt 25,1-13

El texto que da sentido y vida a este blog:

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Evangelio según san Mateo 25, 1-13

El Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes. Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos. Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. Pero a medianoche se oyó un grito: «Ya viene el esposo, salgan a su encuentro.»

Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: «¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?» Pero estas les respondieron: «No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado.»

Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta. Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: «Señor, señor, ábrenos», pero él respondió: «Les aseguro que no las conozco.»

Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.


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La imagen de los esponsales era tradicional en la Biblia, Jesús, manifiestamente, la tomó a cuenta propia: Dios ama a la humanidad, la humanidad va al encuentro de Dios, el hombre está hecho para la intimidad con Dios... para el intercambio de amor con El. Esto es para Jesús la vida cristiana: una marcha hacia el "encuentro” con alguien que nos ama. La llegada es imprevista, la hora es imprecisa. No se sabe cuándo llegará.
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Diez jóvenes doncellas simbolizan la espera de la comunidad cristiana. Cada una su lámpara cargada de aceite simboliza la medida del amor de los que velan.
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El amor es una vigilancia cotidiana, expresada en número diez que simboliza la acción humana, porque diez son los dedos de las manos.
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Es Dios el que se acerca a la vida cotidiana. Velar no consiste sólo en no quedarse dormido, sino más bien en prever, en estar alerta al menor signo que anuncie la llegada, en mantener viva la esperanza y estar atento a brindar el gesto de amor esperado.
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La fiesta de boda a la que estamos invitados sucede cada día, en los pequeños encuentros con el Señor, en las continuas ocasiones que nos proporciona para poderlo descubrir en las personas, en los signos de los tiempos y más explícitamente en los sacramentos. Y como «no sabemos ni el día ni la hora» del encuentro final, esta vigilancia diaria, hecha de amor y seriedad, nos va preparando para que no falte aceite en nuestra lámpara.
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Vigilar no significa vivir con miedo y angustia. Quiere decir vivir de manera responsable nuestra como respuesta a Dios. El Señor espera continuamente nuestra respuesta de fe y amor, constantes y pacientes, en medio de las ocupaciones y preocupaciones que van tejiendo nuestra vida.
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La respuesta que se espera de nosotros, nadie la puede hacer en nuestro lugar. Nuestra respuesta a Dios es personal e intransferible. El evangelio esto lo quiere expresar con la negativa de las vírgenes prudentes a ceder parte de su aceite, para las lámparas apagadas de las vírgenes necias.
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No podemos esperar un mañana que quizá no vendrá, para encender la lámpara de nuestro amor a Dios y a nuestros hermanos. Hay que vivir en cada segundo de nuestra vida toda la pasión que hay en el corazón del Señor.
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No nos podemos dormir sobre el compromiso, creyendo que éste es suficiente para asegurar la entrada al Reino. Si dejamos apagar la lámpara de la fe por no alimentarla con el aceite de la perseverancia y la oración, no estaremos preparados para descubrir al Señor que llega. La perseverancia en los momentos críticos o incluso frente a la muerte, no se puede improvisar en un minuto, se va amasando durante toda la vida.
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A partir del llamado del Maestro, los discípulos comenzamos a prepararnos para los momentos decisivos. Serán muchos y muy variados y siempre estarán marcados por lo inesperado. Al final, Jesús nos dirá qué clase de aceite debíamos tener: si hemos amado, si hemos dado de comer, si hemos visitado al enfermo.

(reflexión del Arzobispado de Buenos Aires)

Henri Nowen - Tú eres mi amado

En primer lugar, la vida en sí misma es el don más grande que se pueda ofrecer -cosa que nosotros olvidamos constantemente-. Cuando pensamos en nuestra entrega a los demás, lo que nos viene de inmediato a la mente son nuestros talentos únicos: nuestras capacidades para hacer cosas especiales particularmente bien [...]. Sin embargo, cuando hablamos de talentos, tendemos a olvidar que nuestro verdadero don no es lo que podemos hacer, sino quiénes somos. La verdadera pregunta no es: «¿Qué podemos ofrecernos el uno al otro?», sino: «¿Quiénes podemos ser para los otros?» Es a buen seguro una cosa estupenda que podamos repararle algo al vecino, ofrecerle consejos útiles a un amigo, sabios pareceres a un colega, volver a dar la salud a un enfermo o anunciar una buena noticia a un feligrés. Pero hay un don que es el mayor de todos. Se trata del don de nuestra vida, que brilla en todo lo que hacemos. Al envejecer, descubro cada vez más que el don más grande que tengo para ofrecer es mi alegría de vivir, mi paz interior, mi silencio y mi soledad, mi sentido del bienestar. Cuando me pregunto: «•Quién me es de más ayuda?», debo responder: «Aquel o aquella que esté dispuesto a compartir conmigo su vida».

Es útil practicar una distinción entre talentos y dones. Nuestros dones son más importantes que nuestros talentos. Podemos tener sólo pocos talentos, pero tenemos muchos dones. Nuestros dones son los muchos modos a través de los que expresamos nuestra humanidad. Forman parte de lo que somos: amistad, bondad, paciencia, alegría, paz, perdón, amabilidad, amor, esperanza, confianza, etc. Estos son los verdaderos dones que hemos de ofrecer a los otros.



H. J. M. Nouwen, edición española: Tú eres mi amado, Promoción Popular Cristiana, Madrid 1997.