sábado, 13 marzo 2010
San Cipriano - La oracion del Señor 4.6
San Cipriano (hacia 200-258), obispo de Cartago y mártir
La oración del Señor, § 4, 6
« El publicano... no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo »
Las súplicas y las palabras de los hombres que oran deben hacerse con un método que implique paz y discreción. Debemos pensar que estamos en la presencia de Dios. Hay que ser agradables a los ojos de Dios tanto por la postura como por el tono de la voz. Pues así como es propio de los desvergonzados estar siempre gritando, también lo es de una persona discreta el rezar con preces comedidas.
El mismo Señor en su enseñanza nos ordenó orar en secreto, en sitios escondidos y apartados, e incluso, nuestros propios aposentos (Mt 14, 23; 6,6). Es lo más conveniente para nuestra fe. Sabemos que Dios está presente en todas partes, que ve y escucha a todos y que la plenitud de su majestad abarca también los lugares escondidos y apartados, como está escrito: «¿Soy yo Dios sólo de cerca –oráculo del Señor- y no soy Dios de lejos? Si uno se esconde en su escondrijo ¿acaso no lo veo yo? ¿Acaso no lleno yo el cielo y la tierra? (Jr 23,24).
El que ora, hermanos queridos, no debe ignorar como oró el publicano junto al fariseo en el templo. No oró con los ojos erguidos jactanciosamente hacia el cielo ni las manos desvergonzadamente levantadas, sino golpeándose humildemente el pecho y confesando los pecados ocultos, y de esta forma solicitaba la misericordia de Dios. El fariseo se complacía en sí mismo; por esto fue justificado aquél que oraba con humildad, y que, no habiendo puesto su esperanza de salvación en la seguridad de su inocencia, ya que nadie es inocente, oró confesando sus pecados, y su oración fue escuchada por Aquel que perdona a los humildes.
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jueves, 11 marzo 2010
REGALOS QUE NO TE CONVIENE RECIBIR
Era un profesor comprometido y estricto, conocido tambien por sus alumnos como un hombre justo y comprensivo.
Al terminar la clase, ese dia de verano, mientras el maestro organizaba unos documentos encima de su escritorio, se le acerco uno de sus alumnos y en forma desafiante le dijo:
- Profesor, lo que me alegra de haber terminado la clase es que no tendre que escuchar mas sus tonterias y podre descansar de verle esa cara aburridora.
El alumno estaba erguido, con semblante arrogante, en espera de que el maestro reaccionara ofendido y descontrolado.
El profesor miro al alumno por un instante y en forma muy tranquila le pregunto:
- ¿Cuando alguien te ofrece algo que no quieres, lo recibes?
El alumno quedo desconcertado por la calidez de la sorpresiva pregunta.
- Por supuesto que no. -Contesto de nuevo en tono despectivo el muchacho.
- Bueno, -prosiguio el profesor-, cuando alguien intenta ofenderme o me dice algo desagradable, me esta ofreciendo algo, en este caso una emocion de rabia y rencor, que puedo decidir no aceptar.
- No entiendo a que se refiere. -dijo el alumno confundido.
- Muy sencillo, -replico el profesor-, tu me estas ofreciendo rabia y desprecio y si yo me siento ofendido o me pongo furioso, estare aceptando tu regalo, y yo, mi amigo, en verdad, prefiero obsequiarme mi propia serenidad.
- Muchacho, -concluyo el profesor en tono gentil-, tu rabia pasara, pero no trates de dejarla conmigo, porque no me interesa, yo no puedo controlar lo que tu llevas en tu corazon pero de mi depende lo que yo cargo en el mio.
Cada dia, en todo momento, tu puedes escoger que emociones o sentimientos quieres poner en tu corazon y lo que elijas lo tendras hasta que decidas cambiarlo.
Es tan grande la libertad que nos da la vida que hasta tenemos la opcion de amargarnos o ser felices
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miércoles, 10 marzo 2010
Himno: CUANDO VUELTO HACIA TI DE MI PECADO.
Cuando vuelto hacia ti de mi pecado
iba pensando en confesar sincero
el dolor desgarrado y verdadero
del delito de haberte abandonado;
cuando pobre volvime a ti humillado,
me ofrecí como inmundo pordiosero;
cuando, temiendo tu mirar severo,
bajé los ojos, me sentí abrazado.
Sentí mis labios por tu amor sellados
y ahogarse entre tus lágrimas divinas
la triste confesión de mis pecados.
Llenóse el alma en luces matutinas,
y, viendo ya mis males perdonados,
quise para mi frente tus espinas. Amén.
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Corazon de Maria - como las arenas del mar
Como las arenas del mar
Se dice que a Salomón Dios le había dado un corazón inmenso como las arenas de la mar. Así es el corazón de María que puede albergar a Dios, quien todo ha creado, y ser su alegría. El corazón de María ha respondido a todas las grandezas, a todas las obras de Dios. Jamás María estuvo por debajo de lo que Jesús esperó de ella o de lo que Dios le pidió.
Tuvo siempre un corazón generoso y fiel. Después de haber recibido a Dios, ella recibió a todos los hijos de Dios, a quienes dio a luz en el Calvario. Su corazón es tan grande que tiene ternura y socorro especial para todos, para el justo y el pecador, para el alma que busca la perfección y para el que tiene necesidad de salir del pecado.
Debemos abrir nuestro corazón a la manera de la Santa Virgen, alejarnos de todas las bajezas, volverlo noble, devoto, generoso hacia los demás. Busquemos el celo de la Santa Virgen, su fidelidad, su espíritu apostólico e imitémosla siempre hasta formar en nosotros ese amor fuerte y generoso que no puede sin duda igualar al suyo, pero imitarla sí, pues somos sus hijos.
Agradezcámosle a Dios por las gracias y la perfección que le dio a la Santa Virgen.
Santa María-Eugenia de Jesús Milleret
Fundadora de las Religiosas de la Asunción
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martes, 09 marzo 2010
San Juan Crisostomo - perdona
San Juan Crisóstomo (hacia 345- 407), presbítero en Antioquia, después obispo de Constantinopla
Homilías sobre san Mateo, nº 61
«Perdona nuestras ofensas así como perdonamos a nuestros deudores»
Cristo nos pide dos cosas: condenar nuestros pecados y perdonar los de los otros; hacer la primera cosa a causa de la segunda, que así será más fácil, porque el que se acuerda de sus pecados será menos severo hacia su compañero de miseria. Y perdonar no sólo de palabra, sino desde el fondo del corazón, para no volver contra nosotros mismos el hierro con el cual queremos perforar a los otros. ¿Qué mal puede hacerte tu enemigo que sea comparable al que tú mismo te haces?... Si das rienda suelta a tu indignación y a tu cólera, quedarás herido no por la injuria que te ha hecho, sino por el resentimiento que tú guardas.
No digas, pues: «Me ha ultrajado, me ha calumniado, me ha hecho cosas miserables» Cuanto más vas diciendo que te ha hecho daño, más demuestras que te ha hecho bien puesto que te ha dado ocasión de purificarte de tus pecados. Así, cuanto más te ofende, más te pone en estado de obtener el perdón de Dios por tus faltas. Porque si queremos, nadie nos puede hacer daño; incluso nuestros enemigos nos prestan un gran servicio... Considera, pues, cuantas ventajas sacas si sabes soportar humildemente y con dulzura una injuria.
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La ultima lagrima
Allí estaba, sentado en una banqueta, con los pies descalzos sobre las baldosas rotas de la vereda; gorra marrón, manos arrugadas sosteniendo un viejo bastón de madera; pantalones que arremangados dejaban libres sus pantorrillas y una camisa blanca, gastada, con un chaleco de lana tejido a mano. El anciano miraba a la nada. Y el viejo lloró, y en su única lágrima expresó tanto que me fue muy difícil acercarme, a preguntarle, o siquiera consolarlo.
Por el frente de su casa pasé mirándolo, al voltear su mirada la fijó en mi, le sonreí, lo saludé con un gesto aunque no crucé la calle, no me animé, no lo conocía y si bien entendí que en la mirada de aquella lágrima se mostraba una gran necesidad seguí mi camino, sin convencerme de estar haciendo lo correcto.
En mi camino guardé la imagen, la de su mirada encontrándose con la mía. Traté de olvidarme. Caminé rápido como escapándome. Compré un libro y tan pronto llegué a mi casa, comencé a leerlo esperando que el tiempo borrara esa presencia... pero esa lágrima no se borraba... Los viejos no lloran así por nada, me dije.
Esa noche me costó dormir; la conciencia no entiende de horarios y decidí que a la mañana volvería a su casa y conversaría con él, tal como entendí que me lo había pedido. Luego de vencer mi pena, logré dormir. Recuerdo haber preparado un poco de café, compré galletas y muy deprisa fui a su casa convencido de tener mucho por conversar.
Llamé a la puerta, cedieron las rechinantes bisagras y salió otro hombre. ¿Qué desea? preguntó, mirándome con un gesto adusto. Busco al anciano que vive en esta casa, contesté. Mi padre murió ayer por la tarde, dijo entre lágrimas. ¡Murió! dije decepcionado. Las piernas se me aflojaron, la mente se me nubló y los ojos se me humedecieron.
¿Usted quien es? volvió a preguntar. En realidad, nadie, contesté y agregué. Ayer pasé por la puerta de su casa, y estaba su padre sentado, vi que lloraba y a pesar de que lo saludé no me detuve a preguntarle que le sucedía pero hoy volví para hablar con él pero veo que es tarde.
No me lo va a creer pero usted es la persona de quien hablaba en su diario. Extrañado por lo que me decía, lo miré pidiéndole más explicación. Por favor, pase. Me dijo aún sin contestarme. Luego de servir un poco de café me llevó hasta donde estaba su diario y la última hoja rezaba: Hoy me regalaron una sonrisa plena y un saludo amable... hoy es un día bello.
Tuve que sentarme, me dolió el alma de solo pensar lo importante que hubiera sido para ese hombre que yo cruzara aquella calle. Me levanté lentamente y al mirar al hombre le dije: Si hubiera cruzado de vereda y hubiera conversado unos instantes con su padre... Pero me interrumpió y con los ojos humedecidos de llanto dijo: Si yo hubiera venido a visitarlo al menos una vez este último año, quizás su saludo y su sonrisa no hubieran significado tanto.
Autor Desconocido
Si hubiera....si hubiera...si hubiera....Cuántas veces esas dos palabras han estado en nuestros labios. Tomemos la decisión de aprovechar cada oportunidad para amar, compartir y edificar a otros. Hoy...porque mañana puede ser tarde.
Has amado la justicia y aborrecido la maldad; Por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo, Con óleo de alegría más que a tus compañeros. Salmo 45:7
Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. Juan 13:34
Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Juan 15:12
www.renuevodeplenitud.com
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lunes, 08 marzo 2010
Cómo atrapar un mono
Una tribu de África tiene un sistema muy sencillo, pero eficaz, para cazar monos. Sólo necesitan unos pocos maníes. Lo que hacen es meter los maníes con cáscara en un pequeño orificio entre las rocas, por donde sólo cabe una mano extendida. Se esconden y esperan a que el mono, que ha estado vigilando desde los árboles, se dirija por su alimento. Efectivamente, el mono desciende del árbol, introduce la mano extendida por el orificio y agarra unos maníes. Pero al momento de querer sacar la mano, ésta, con el puño cerrado lleno del maní, no puede salir. El animal, aunque grita e intenta por la fuerza sacar la mano, no logra librarse, pues no suelta el alimento. Entonces, los aborígenes se acercan tranquilamente y lo capturan.
Así nosotros también, muchas veces podemos quedar atrapados por los bienes de la tierra, y no podemos liberarnos de ellos porque no los soltamos. Alguien que ama desordenadamente las cosas de la tierra, está como sujeto por una soga que le impide acercarse a Dios.
Este tiempo de Cuaresma debe servirnos para descubrir cuáles son esas ataduras que nos impiden llegar hasta Dios. Para identificarlas, podemos recordar los motivos por los que perdemos la paz. Por ejemplo, si nos enojamos desproporcionadamente ante la carencia de algo; si un hermano tomó nuestra ropa y nos enojamos, significa que tengo una atadura con mi ropa. O si me enojo porque no pude ver un programa de televisión o un partido de fútbol, significará que esas cosas me tienen aún atado.
Tal vez no nos damos cuenta, pero es muy fácil irnos “atando” a cosas o incluso a algunas personas. Nos apegamos a cosas que nos detienen en la vida espiritual y de las que somos cómplices, pues libremente nos atamos.
Pidamos al Espíritu Santo que nos haga apreciar las cosas materiales en su verdadero valor, que suele ser muy poco. Pensemos a qué nos atamos desordenadamente. Tal vez es el momento de despojarnos de algunos bienes que nos tienen agarrados como el mono a los maníes. Y entonces sí, volar hacia Dios.
Hojita Semanal - Parroquia Ntra Sra de la Caridad - Tucuman
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Lectio Divina 14-03-2010 Domingo IV Cuaresma C
Lectionautas
Domingo14deMarzode2010.pdf
Discipulitos
Domingo 14 de Marzo de 2010.pdf
Orden del Carmen
lectio 14-03-10 O Carmen.doc
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Guion Misa 14-03-2010 Domingo IV Cuaresma C
13:52 Anotado en Guiones para la Misa | Permalink | Comentarios (0) | Trackbacks (0) | Enviar a Email
Paul Claudel - Madre de Jesus
Madre de Jesús te doy las gracias II
La criatura en su honor primigenio y en su plenitud final.
Como salió de Dios en la mañana de su esplendor original,
Inefable. Intacta porque eres la Madre de Jesucristo
Que en tu regazo es la Verdad,
Esperanza y fruto único.
Porque Tú eres mujer, Edén de la ternura olvidada,
Cuya mirada me llega al corazón de súbito
Y hace brotar mis lágrimas retenidas.
Porque me salvaste a mí y salvaste a Francia
Porque en ella como en mí también pensaste.
Porque Tú interviniste cuando todo se tambaleaba
Porque nos has salvado una vez más
Porque es el mediodía
Porque hemos llegado a este día
Porque estas aquí para siempre.
Sencillamente, porque eres María.
Sencillamente, por existir.
Madre de Cristo, te doy las gracias.
Paul Claudel
Convertido ante la estatua de la Virgen en la Catedral de Notre-Dame (Navidad, 1886)
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San Bernardo - el misterio de la viña de Dios
San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia
Sermón 30 sobre el Cantar de los Cantares
El misterio de la viña de Dios
Hermanos, si reconocemos que la Iglesia es la viña del Señor, nos damos cuenta que no es una prerrogativa pequeña haber extendido sus límites a toda la tierra...
A través de esta imagen veo a los primeros creyentes de los cuales se dice que «todos pensaban y sentían lo mismo» (Hch 4,32)... Porque la persecución no la ha tan brutalmente desenraizado que no haya podido ser replantada en otros lugares y alquilada a otros viñadores, los cuales, llegada la estación propicia, han hecho que diera fruto. No ha perecido sino que ha cambiado de suelo; mejor así pues ha ganado en fuerza tanto como en extensión, como la bendita viña del Señor. Hermanos, levantad los ojos y veréis «que su sombra cubre las montañas y sus pámpanos los cedros de Dios, que ha extendido sus sarmientos hasta el mar y sus brotes hasta el Gran Río» (cf sl 79, 11-12).
No es sorprendente: es el edificio de Dios, el campo de Dios (1C 3,9). Es él quien la fecunda, la propaga, la corta y la poda para que dé más fruto. No va él a despreocuparse de una viña que su mano derecha plantó (Sl 79,15); no va a abandonar una viña en la que los pámpanos son los apóstoles, la cepa es Jesucristo, y el Padre es el viñador (Jn 15,1-5). Plantada en la fe, hunde sus raíces en la caridad; trabajada por la obediencia, fertilizada por las lágrimas de arrepentimiento, regada con la palabra de los predicadores, rebosa un vino que inspira el gozo y no la mala conducta, vino de muy dulce sabor, que en verdad rejuvenece el corazón del hombre (Sl 103,15)... ¡Hija de Sión, consuélate contemplando este gran misterio, no llores más! ¡Abre tu corazón para acoger a todas las naciones de la tierra!
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Jacques de Saroug - Ir a la casa del Padre
Jacques de Saroug (hacia 449-521), monje y obispo sirio
Poema
«Me pondré en camino adonde está mi padre»
Volveré a la casa de mi Padre, como el hijo pródigo, y seré acogido.
Tal como lo hizo él lo haré yo: ¿no me va a escuchar? A tu puerta, Padre misericordioso, llamo; ¡ábreme para que entre, por miedo a que me pierda y me aleje y perezca! Me has hecho tu heredero, y yo he abandonado mi
herencia y he dilapidado mis bienes; que desde ahora sea como un mercenario y como un servidor.
¡Tal como la tuviste del publicano, ten piedad de mí, y por tu gracia viviré! Como a la pecadora, perdona mis pecados, oh Hijo de Dios. Como a Pedro, sácame de en medio de las olas. Como lo hiciste con el ladrón, ten piedad de mi bajeza y ¡acuérdate de mí! Como a la oveja que se perdió, búscame, Señor, y me encontrarás; y sobre tus espaldas llévame, Señor, a la casa de tu Padre.
Como al ciego, ábreme los ojos ¡que vea tu luz! Como al sordo, ábreme los oídos, que oiga tu voz. Como al paralítico, cura mi enfermedad, que alabe tu nombre. Como al leproso, con tu hisopo purifícame de mis suciedades (cf Sl 50,9). Como a la adolescente, hija de Jairo, hazme vivir, oh Señor nuestro. Como a la suegra de Pedro, sáname, porque estoy enfermo. Como al joven, hijo de la viuda, ponme de nuevo en pie. Como a
Lázaro, llámame con tu propia voz y desata mis vendajes. Porque he muerto por el pecado como de una enfermedad; ¡levántame de mi ruina, que alabe tu nombre! Te lo ruego, Señor de la tierra y del cielo, ven en mi
ayuda y enséñame tu camino, que yo vaya hacia ti. Condúceme hacia ti, Hijo del Bondadosísimo, y que llegue al colmo tu misericordia. Iré hacia ti y allí me saciaré de gozo.
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